Hay almas a las que uno tiene ganas de asomarse, como a una ventana llena de sol.
¡Qué trabajo nos cuesta traspasar los umbrales de todas las puertas!
La nieve del alma tiene copos de besos y escenas que se hundieron en la sombra o en la luz del
que las piensa.
Pero el dos no ha sido nunca un número porque es una angustia y su sombra.
¡Hay que dar el perfume que encierran nuestras almas! ¡Hay que ser todo cantos, todo luz y bondad!
¡Hay que abrirse del todo frente a la noche negra, para que nos llenemos del rocío inmortal!